RESPIRA Y SIENTE
Carmen Ratón Gallardo
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Blue Dream Carmen Ratón |
Aquí y Ahora, me entrego a lo que Soy,
al escribir estas páginas, al igual que me entrego en cada cosa que hago…ya que
sin esa entrega sólo saldrían conceptos a los que el ego iría dando vueltas, a
modo de creencias, para inflar su archivo de historias a través del cual existe…sería el escrito de
un personaje espiritual, que intenta ser especial…
Así que me entrego, tras una meditación, me pongo a escribir sin
expectativas, en estado de no pretender hacer demasiado, de no forzarme, para
permitirme sentir el gozo. Dejo que las manos vayan tecla a tecla trasmitiendo
desde otro lugar que no puedo definir, pero del que tengo la certeza que llega una
paz y una verdad antes inimaginables para mi, en una forma de estar en la que
es la Vida la que me vive y yo sólo me dejo llevar, contemplo, agradezco y
disfruto del viaje.
Y eso es lo que me dispongo a
plasmar…lo que difícilmente con palabras
se puede explicar, pero en un humilde intento de dejarlo aquí, contaré como la
trasformación ha ido sucediendo sin prisa en mi caso, con idas y venidas, con
tropiezos y algún que otro engaño, pero al final, encaminada hacia la
aceptación, desde una atención plena y un estar en mí, hasta llegar al encuentro
cara a cara con la rendición más absoluta y el regalo de poder experimentar un estado de Ser, de Paz, de gozo , de renacer…de Respirar y
Sentir.
Aunque el trayecto viene desde lejos,
ahora me doy cuenta de que el tiempo, poco importa, da igual que mis primeras
meditaciones fueran hace muchos años o hace pocos meses. Fueron o han sido en
principio devastadoras, poco amables, inquietantes. Comenzar a vislumbrar el
paquete emocional que había estado guardando bajo la alfombra, para no sentir
el dolor, la carencia, el miedo…es como
esas lentejas que te tienes que comer, sí o sí…al descubrir que en esto
no vale lo de dejarlas, porque no desaparecen…ahí siguen, esperando a que
bocado a bocado te atrevas a sentir cada sensación en la garganta, cada presión
en el estómago, cada ola de calor y tensión que recorre la espina dorsal y te
hace apretar la mandíbula. Pues eso, en cada meditación, era un plato de
lentejas que amablemente había estado esperando años por mí, hasta ese momento.
Y así, fueron pasando las primeras meditaciones, hasta que descubrí que aquello
no estaba tan mal, ya que después de atravesar esas degustaciones sensitivas e
intensas, el postre venia en forma de
descanso y alivio.
Pero no tardó en llegar una de las
grandes trampas. La meditación se había convertido en algo tan importante, que
no podía perder demasiado tiempo en otras cosas “menos
espirituales”…meditación-huída la bauticé. El ego acogió esa nueva fórmula como
parte del personaje, y así podía retirarse del mundo, de lo que daba miedo, protegerse de las relaciones, en
pos de una causa noble, meditar, estudiar, aislamiento justificado y sacrificio
honroso le podríamos llamar…el sacrificio, que gran trampa!
Y ahí empecé a ver, observar y verificar
el inmenso poder del ego…sí, ese sistema, ese software que parece ser, traemos
instalado de serie y que nos lleva a un estado que todos conocemos bien…el
sufrimiento.
Al ego, lo fui descubriendo poco a
poco, y aún no dejo de asombrarme al comprobar su control a nivel
subconsciente. Capaz de crear un personaje con muchas caras, de lo que creía
era yo. Un personaje víctima, que
manipula para que le atiendan, un personaje verdugo que culpa para ejercer su
poder, el personaje encantador para seducir, el rebelde, escéptico, inseguro,
colérico, ermitaño, gracioso, protagonista…y un sinfín de posibilidades, de
máscaras, a cada cual mejor adaptada para desarrollar el juego de la culpa, el miedo
y el ataque, que sostiene la idea de separación y así su propia supervivencia.
El ego es especialista en “trampas y trampitas”, ocultismo varios, a fin de no ser
descubierto y mantener el engaño de lo irreal, del yo ficticio, que se inventa
a sí mismo y que para más inri cuando lo empiezas a observar y presiente la posibilidad de ser descubierto
en su trama, al sentir el pánico de ser aniquilado, se revela en toda su
astucia, llenándote la mente de basura, suposiciones, miles y miles de
palabras, ruido, confusión, conflicto y tensión hasta llegar a ofuscarte, para
presentarte después lo que parecerían las soluciones a toda esa tormenta, a fin
de que le creas indispensable para la vida y dependas únicamente de su
existencia. Te crea el infierno y después te propone sus servicios de
protección contra él, y así vas otorgándole poder, entregándole cada momento…¡que
duro es eso! cuando se descubre lo que hace el ego con los momentos, ni
siquiera te deja olerlos, despedaza lo que sería un presente, fresco, lleno de
todo, perfecto, en trocitos de pasado, recuerdos manipulados desde el miedo y
la carencia o invenciones futuras llenas de peligros ante los cuales, claro, te
hace creer que le necesitas para sobrevivir.
Y así, un ataque tras otro, vas
descubriendo en un viaje, a veces no poco duro, en la noche oscura del alma
como algunos le han llamado…al falso yo, la mentira, el ego, el personaje.
Hasta que de tanto observarlo, se empieza a crear un espacio, una distancia
donde poder sentir que eres algo
diferente de ese personaje, y descansar en la certeza de que realmente no sabes
nada. Pequeños instantes vacíos, silenciosos, en los que te intuyes como algo
que nada tiene que ver con lo que creías ser hasta entonces.
Momentos de meditación en los que la
conciencia te abraza en pequeños instantes de consciencia. Gracias a esa
distancia y a esos amorosos abrazos de Verdad, el dominio del ego pierde fuerza y lo puedes
mirar con curiosidad, lo acoges con aceptación y lo perdonas, te perdonas, o a
veces…muchas, tienes el regalo de los demás para hacer ese arduo trabajo. El
regalo de la proyección o del espejo, donde al mirarte, ves lo que en ti mismo
no puedes ver, y si miras sin juzgar…(y
aquí hago una aclaración, ya que al menos a mi me llevó tiempo aclararme en
esto…no juzgo, cuando no me creo el pensamiento que aparece respecto a algo, ya
que está basado en creencias y filtrado por mi percepción, no juzgo a los demás
cuando se que en su caso, con sus trayectorias, sus experiencias y sus
creencias yo haría lo mismo, porque yo sería los demás) entonces desde ahí, si
miras y acoges con humildad lo que ves, puedes perdonarlo en el otro,
descubriendo que no es otro, sino tu mismo, tu propia mente proyectada fuera de
ti. ¡Qué momento tan especial fue cuando empecé a ver las relaciones de este
modo!…cuando empecé a sentir profundo afecto al mirar a alguien y lo sentía
como yo misma. Podía verme ahí, podía amarme ahí, mucho más que en lo que creía
que era yo.
Que regalo cada persona que llega y te
ofrece, sin saberlo…tu propio reflejo, y con ello la oportunidad de sanar todo
eso que no has perdonado. Surge entonces algo muy bello y profundo que te lleva
a la Paz, a la comprensión más allá de las palabras, no sabes de donde viene,
solo sabes que no es tuyo, que es algo demasiado grande como para albergarlo en
tu limitado cuerpo, con sus limitados sentidos.
Y dejas de querer cambiar a los demás,
para empezar a amarlos. La compasión te embarga al ver tus otros yos, tus
personajes fuera de ti. Y comienzas a
ver que hay algo más tras esos personajes, ves que eso que les hace vivir es lo
mismo que vive en ti…diferentes cuerpos, rellenitos de historias singulares, de
experiencias distintas, innumerables sentires, pero una sola conciencia, una sola
mente, pura, inocente, en coherencia con todos y con todo lo que es.
Y esto culmina en un estado de rendición,
de entrega, y se siente…o yo lo siento como una muerte. Un morir a lo falso, sí…morir
a lo que no soy, al personaje, a las historias, a ser especial, a la lucha, al
control, al sufrimiento. Y nacer a la luz, a la paz, a la integración, porque
el ego ahí sigue, pero se vuelve casi entrañable en sus caprichos y poco
convincente, como un niño que patalea de vez en cuando y al que hay que abrazar
fuerte y hacerle sentirse arropado para
que se calme.
Tras un darme cuenta de lo cansada que
estaba, agotada de sostener el personaje, de sostener lo que intentaba
aparentar que era yo, de las tensiones, los dolores, de rechazar mis emociones,
de querer controlar situaciones, de necesitar, de esforzarme en dar lo que suponía que los demás esperaban
de mi, de la frustración de no poder darlo, de creer que sabía, de desear lo
que no tenía, de rechazar lo que sí tenía…Agotada de buscar soluciones desde la
mente que no crea, ni responde a lo nuevo sino que recopila lo viejo, lo agita
y lo presenta en otro formato, pero que al final es el mismo patrón de miedo y desconfianza que
te hace estar en guardia constantemente. Y en consecuencia el cuerpo, agotado
también, tras varias señales que no fueron escuchadas, enferma, intoxicado, ahogado por la tensión del miedo
y la ira. Tras aceptar honestamente ese inmenso agotamiento, me rendí, me
entregué. Fue como descansar después de lustros de no poder tumbarme y soltarlo
todo, reposar en la amorosa comprensión de que nada puede hacer ese pequeño
personaje que creía ser, de que hay algo infinitamente mayor, que es lo que soy
realmente, que puede sostenerme y puede sostenerlo todo, porque es todo, que no tengo que
preocuparme, ni controlar nada, ni tener miedo porque soy hija del amor, porque
soy amor, porque Soy.
Este morir del que hablo, es terminar
con el vacío, con la culpa de sentirse separado y no haber visto lo falso, es
dejar de sentir carencia, dejar de necesitar, dejar de manipular, porque no hay
nadie a quien poseer, no hay nadie a quien manipular, todo es Uno…es una
conciencia más amplia, comprensiva y Universal la que existe, la que se
experimenta a sí misma a través de lo que llamo yo. Este morir es ver que no
hay herida alguna, que todo el miedo y el sufrimiento eran una invención. Morir
es nacer a lo que realmente Es.
Y así llega el gozo, en lo más pequeño, en
el momento presente. El eterno instante presente es magia pura. La alegría de existir invade cada célula, el
cuerpo despierta, regresa al equilibro, y
se siente en forma de vitalidad. Respirar y sentir que estás vivo…que regalo!
Un éxtasis que llega de la nada, que llega de la Vida misma, del vacío que es
todo, sin palabras…una comprensión profunda en forma de verdad, y de paz inunda
la mente y el corazón y te lleva a recorrer espacios interiores de inmensidad y
belleza infinitos.
Lo único que se me pedía, lo único que
se nos pide, es que seamos seres humanos, que respiremos, que sintamos, que nos
relajemos, que nos dejemos sostener por la inmensidad que realmente nos
conforma y nos integra en el patrón de la existencia…que aceptemos sin exigir, que confiemos para poder rendirnos ante la
vida y lleguemos a fluir para recoger los frutos en forma de paz, de unidad, de
compasión y belleza. Sumando a esto un estado de gratitud inmenso que se
instala como fondo de cada experiencia, de cada instante, sea más o menos
agradable, genere una emoción u otra…hay un gracias que acoge cada
acontecimiento y lo eleva por encima de lo aparente, por encima de la materia a
planos que se podrían llamar Divinos.
Y en este camino estoy…como personita
que me ha tocado ser, y en el que no decido demasiado, solo me voy dejando
llevar y a mi paso voy dejándome acompañar por mis otros yos, personas que agotadas
de sus sufrimientos perciben que hay otra forma de estar en la vida, otra forma
de Ser…así que ahí vamos todos juntos, aprendiendo los unos de los otros,
re-conociéndonos en cada relación, con la familia, los amigos, parejas,
profesores, alumnos, conocidos, desconocidos…todos juntos, en el no tiempo, en
el no espacio, en el Ser todo, aunque no lo parezca, aunque parezca otra
cosa…pero en el fondo al igual que yo, muchos, muchísimos, están escuchando en
su interior una verdad que habla desde el silencio y que nos lleva a buscarnos
y encontrarnos para vivir, aprender, compartir, y sobre todo RESPIRAR Y
SENTIR…para recordar lo que somos. Sat Chit Ananda: Existencia, Conciencia y
Dicha absolutas.
Parte del trabajo final del título de Especialista en desarrollo personal y mindfulness, registarado en la Universidad de Almería 2017